Fe de ratas

Algún día
el veneno será inocuo
y tendrá aroma a queso,
los gatos serán amables
y usarán las uñas romas,
las únicas trampas que existan
serán las del destino,
nunca más se hundirá algún barco
y habrá anticonceptivos
y píldoras del día después
y condones para roedores.

Algún día.
Todo es cosa de tener fe.
Fe de ratas.

Barlovento.

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Por unos dolares más



Aprovechando que también
tiene los ojos azules,
afición a matar sin excusa,
gran dificultad con la palabra,
menos sesos que un maní
y mucho amor por las yeguas,
un anciano ex-dictador chileno
intenta protagonizar en estos días
una segunda versión
del filme que llevó a la fama
al legendario Clint Eastwood.


Escrito por Barlovento.

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Foto sepia


En Cruz de Reyes, entre Cochrane y Prat, donde años más tarde elevó su londinense estampa el famoso Reloj Turry, había una ventana. Desde ella podía verse al armador inglés pasar con tranco largo, o al boticario alemán con sus gruesos mostachos, o al aguatero del cerro y sus ojotas de cuero. Desde allí podía oírse el paso de los carros de sangre haciendo retumbar sus cascos en los adoquines de piedra o a los pesados tranvías deslizarse rechinando sobre los rieles de acero, largos trechos de los cuales aún permanecen bajo el asfalto del puerto. Allí se sentía el palpitar de la ciudad y el presuroso transcurrir del diario acontecer.

Sin embargo, nunca se ha sabido qué verdades o falacias ocultaban sus albas cortinas. Jamás se ha narrado ni escrito qué amores o desengaños urdieron su trama bajo aquel alfeizar. ¿De quién habrá sido aquellos ojos tristes que reflejó su cristal?

Es el pasado, lo que fue, lo que partió, lo que no dejó su huella.

Nunca sabremos si aquella ventana fue una vitrina de zapatos y paraguas o el trecho de luz de un hogar de época, con tacitas de te en la mesa y gobelinos arábigos en sus pretéritas paredes.


Barlovento.



ESCRITO POR F.SEPULVEDA

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Idem...

Fúgate conmigo
a la Caleta de Horcón.

Fúgate conmigo
a beber un vino blanco
y comer mariscos crudos..

Fúgate conmigo
para hablar largo y tendido
de lo humano y lo divino,
de lo agreste y lo celeste,
de mis andanzas y tus tardanzas,
de tus hijos y de los míos.

Fúgate conmigo
para poder estar juntos
y besar tus labios tibios
y morder tu boca fría
y tocarte el pelo negro
y cantarte tangos viejos
en el oído izquierdo.

Fúgate conmigo
hasta el atardecer
pues cuando caiga la noche
los pequeños carceleros
pondrán las cosas en orden
y tú y yo volveremos
al foso insoportable
de la vida cotidiana.

F.Sepúlveda/Barlovento.

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