Yo no estaba ahí.Había llegado temprano en la mañana

Había llegado temprano en la mañana. El frío hacía de los hocicos tiernos de mis alumnos fumarolas tenues que se encabritaban por el hielo transparente de los patios. Desamparado fui observando cada uno de esas caras risueñas, como papiones enamorados. Brincaban como si quisiesen liberarse de una prisión propia, en busca de algo que les limara sus ángulos filosos. Si, tenían razón, eran bastante irrespetuosos. Allí iba uno con rostro de mayor ilustración y encanto, como un doncel dispuesto a conquistar sus horizontes, y ellos con sus bajas intenciones te arrastraban al polvo mohoso que les servía de cubil.

No será que no estás preparado para todo esto me dijieron, mis profesoras universitarias, como anhelando que fracasase en las prácticas. Deseaban que hubiese lanzado la toalla, porque yo no era normal. No me sentía uno más de los idiotas torpes de mis compañeros, que iban desollejando helicoidales babas bajo la reverberación del sol latino, aquel que alimenta el alma y la razón con su mullido calor. No yo prefería sumirme en gruesos libros que me llenaban de júbilo, y esperanzas.

Sin embargo, tenía que estar haciendo clases en aulas oscuras como mareas abismales, profundo en el vacío más aterrador, lidiando con la incomprensión de mis pares y tratando de alimentar a las bestias que me lanzaban sus garras con horrible intención de dañarme.

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Blogger Fiestoforo dijo...

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10:38 a.m.  
Blogger Translaughter dijo...

Excelente relato de ficción y representativo de la miseria mundanal, siga así y nos llevara a todos a un feliz suicido colectivo. felicidades.

9:47 a.m.  
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